EL DORADO
LOS MUISCAS
Esta estimado que al menos un millón de pobladores muiscas, habitaban el altiplano cundiboyacense, desde las cuencas y valles del rio Bogotá hasta Tena, del rio Negro hasta Quetame, el Guavio hasta Guáchala, de Garagoa hasta Somondoco, de Chicamocha hasta Soatá y del rio Suarez hasta Vélez.
Distribuidos en 56 tribus, esto a la llegada de los colonizadores españoles. Eran una cultura organizada, con una estructura político-administrativa, con casicazgos, o confederación muisca, su sistema comprendía; vías o caminos, una lengua, tributos, religión y leyes. Se apreciaban dos confederaciones: el Zipa en Bacatá (Bogotá) y el Zaque en Unza para luego ser Funza, en su territorio correspondiente se le tributaba, recibiendo a cambio protección y la posibilidad de transitar y comerciar.
En este orden se encuentran los güechas guerreros, como medio de control social, estos dependían de los grandes señores, y a su vez cuando fuere necesario se reunían con el gobernante todos los señores menores o uzaques, esto por si se presentaban conflictos.
Se reconocen grandes aportes culturales a Colombia como nación, tal es el juego del turmequé o tejo, al que los españoles le agregarían el componente de la pólvora.
La trascendencia de la mitología muisca, pues en este territorio se levantaría la ciudad Bogotá como capital del nuevo reino de Ganada.
Tenían une
gran variedad de dioses como Sua (sol), con un templo en Sogamoso (sugamuxi).
Chia (luna), en un pueblo que hasta el día de hoy lleva su nombre, y se
aprecian otros más de diferentes grados de importancia, al pueblo muisca se le
atribuye la leyenda del Dorado.
Es reconocible el trabajo de la minería, teniendo gran control de minerales como: el cobre, el carbón vegetal y mineral, en su territorio se hallan las minas de sal de: Nemocón, Zipaquirá y Tausa. Comerciaban la sal las esmeraldas y el cobre para elaboración de joyas por oro, con los pijaos y los panches, estos habitaban el sur.
Los bosques y lagunas eran de libre tránsito, lo mismo los páramos y las riveras de los ríos, permitiendo unan buena producción de alimentos para los diferentes grupos de población, esta cultura fue agrícola teniendo gran conocimiento de los ciclos de la lluvia, cambios lunares y cuidado de cultivos.
Para el comercio se establecieron tres
mercados: Bacatá, Chocontá y Hunza, como epicentro de intercambio comercial,
las fuentes de sal tenían a su alrededor hornos de libre huso por parte de
todos, para extraer la sal, y parte de este producido se tributaba, siendo
posteriormente redistribuido, era un mecanismo social.
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